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Sugerencia de Creación: Magia de Putrefacción

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Sugerencia de Creación: Magia de Putrefacción

Mensaje por Kino el Jue 20 Oct 2016 - 18:08



Magia de Putrefacción.

Magia Principal.



¿Cuál es su historia?



La historia de la Magia de Putrefacción se remonta a 400 años atrás, cuando los primeros etherias comenzaron a ser creados por Azyr, uno de los Tres Emperadores Sieghart. La historia de esta magia tiene que ver con uno de esos primeros etherias, específicamente con uno de ellos, Arkebanthos, el primer etherias, el etherias más puro y poderoso de todos. Fue reconocido como el más puro, pues fue creado a partir del mismísimo Azyr con más esencia del mismo que el resto de los etherias, adquiriendo así la Maldición de Ankserham, obviamente, en menor medida que su creador. A su vez, este etherias fue concebido con tres maldiciones, siendo sus otras maldiciones  Macro y Necromancia. Fue un etherias sumamente poderoso y reconocido por todos en el Imperio, ganándose el título del “Etherias más poderoso”. Durante su primer tiempo de vida, este prodigio de los etherias domino varias magias a su vez, como Magia de Hielo, Magia de Sangre, Virus y Telepatía, comenzando a hacer uso de las tres primeras en conjunto de sus tres maldiciones aniquilando todo allá por donde iba, dejando tras de sí un rastro de muerte. No tardó en hacerse con el sobrenombre del “Dios de la Muerte”, temido por tal.

Arkebanthos continuó fortaleciéndose, haciéndose cada vez más y más fuerte, creando a partir de sus magias y maldiciones principales la Magia de Putrefacción, conocida como Magia de Muerte también, una magia que se basaba en tomar vidas de aquellos a quienes asesinaba, infundiendo la Muerte misma en sus víctimas, para posteriormente levantarlas como cadáveres a su servicio, ligados a su voluntad. A su vez, su forma de combate era terrorífica: congelando y cortando con el más gélido de los fríos a sus adversarios, reponiéndose de sus heridas, regenerándolas robando la sangre de aquellos a quienes mataba y corrompiendo sus cuerpos con enfermedades. Por si aquello fuera poco, se hizo con la inmortalidad, controlando la Maldición de Anskerham aún en mayor medida, volviéndose aún más poderoso, llevando la muerte allá a donde iba. No obstante, la ambición de este demonio fue a más y al igual que todos los etherias, su instinto asesino hacia su propio creador, Azyr, se vio intensificado cuando alcanzó cierto punto de poder, un poder inconmensurable, un poder que estaba a la par de un emperador. Aquello, sumado a su codicia, a su arrogancia, lo llevo a rebelarse ante su creador, Azyr, quien, obviamente, opuso una gran resistencia, sin embargo, este etherias era distinto a los demás: este etherias poseía su mismo poder, la Maldición de Ankserham, lo cual hacía que tanto él como Azyr pudieran matarse el uno al otro a pesar de su inmortalidad. Aquello puso en peligro al Gran Mago Oscuro, sumado a que Arkebanthos había estado haciendo sus planes en secreto, preparándose para aquello. Fue entonces cuando la intervención de los otros dos emperadores, Vados y Zephyr, se vio obligada, pues el etherias estaba superando a su propio creador, a su padre. Fue una encarnizada batalla, un combate devastador que resultó en la derrota de Arkebanthos. Aún así, tras haberlo derrotado, no podían matarlo, pues su libro había sido robado de la biblioteca de Azyr por él mismo, escondiéndolo en un sitio remoto donde no pudiera ser encontrado, por lo que, por muy derrotado y asesinado que fuese, jamás moriría realmente y el riesgo de que regresase era muy alto, un riesgo que el Imperio no podía correr, por lo que decidieron destrozar su cuerpo, quedando su armadura, dejando sólo su alma, la cual tenía un inmenso ethernano. Incluso como un alma, su presencia era abrumadora, tanto que era capaz de hacer estremecerse a los emperadores, tarea que para cualquiera sería prácticamente imposible. Como contramedida, los tres hermanos dividieron su alma de su poder, sellando su alma en la armadura que había quedado de él, en el casco, el yelmo de la misma, una armadura hecha de un extraño mineral, la saronita, un material más duro y resistente que el propio adamantio mientras que, por otra parte, su poder fue sellado en la espada de dicha armadura, una espada conocida como Frostmourne o Agonía de Escarcha, espada mediante la cual concentraba su poder el más poderoso de los etherias. Al mismo tiempo, como aquello aún seguía siendo muy peligroso, el Devil Slayer del Hielo de aquel entonces fue ordenado por el Imperio a sellar en un caparazón de hielo la armadura y la espada, en un confinado lugar remoto, unos páramos gélidos al norte del reino de Iceberg, entre sus gigantescas montañas heladas, congelando allí su armadura en un hielo especializado en matar demonios: el hielo de un Devil Slayer. Aquella se convirtió entonces en su prisión, debilitado, aislado, humillado de aquella manera, permaneciendo allí los próximos 300 años, teniendo él en aquel entonces 50 años.

300 años después de haber sido sellado, gracias al poco poder que le había sido posible reunir, aquella mínima y pequeña porción, la utilizó de manera sabia y calculada, estableciendo contacto con un sacerdote, un mago oscuro que había creado su propio culto hacia Arkebanthos tras haber leído en los libros sobre aquel poderoso demonio, rindiendo culto en el reino de Iceberg, siendo originario dicho sacerdote del reino de Fiore pero instalado en aquel frío reino debido a la posición del demonio al cual adoraba. El sacerdote, cuyo nombre era Kael, al ser contactado telepáticamente por Arkebanthos, se fascinó, pues lo tenía a aquel demonio como un dios para él, a quien había jurado lealtad y obediencia, cosa que se intensificó al contactarlo y saber que estaba vivo. En muy poco tiempo, gracias a promesas de poder y demás, Kael se convirtió en la mano derecha de Arkebanthos, llegando hasta el Trono Helado, el sitio en la montaña más alta de Iceberg donde se encontraba sellada la armadura con la espada del etherias, conteniendo su alma y poder. Una vez llegado allí, Arkebanthos utilizó el poder reunido para darle instrucciones al sacerdote, transfiriéndole una pequeña porción de aquel poder, con la última pizca que tenía, tomando la vida del sacerdote y alzándolo como un poderoso nigromante capaz de utilizar la Magia de Putrefacción. Aquel acto dejó nuevamente debilitado a Arkebanthos, por completo, dejándolo reposar en un letargo duradero, habiéndole dejado instrucciones previamente a su nigromante: alzar una ciudadela en aquellas gélidas montañas, convirtiéndola en su fortaleza grandiosa, así como ofrecerle sacrificios, asesinando a personas de pueblos y demás, contagiándolos con la Muerte y putrefacción, levantándolos como zombies, necrófagos, conformando un pequeño ejército llamado “La Plaga”, dirigido momentáneamente por Kael, no obstante, faltaba la última y más importante de las instrucciones: el cuerpo, alma y ethernano del viejo sacerdote eran muy débiles para Arkebanthos, a lo que le ordenó que encontrase a un campeón digno, a alguien capaz de librarlo de aquella prisión donde había estado encerrado. Alguien quien pudiese ponerse la corona del autoproclamado Rey Exánime, Arkebanthos, para fusionarse con él, tomando control del cuerpo de su campeón quien blandiría la Agonía de Escarcha a su vez, poseyendo un anfitrión para poder “regresar a la vida”.

Y así fue, habiéndosele encomendado tales tareas, Kael, el Nigromante, se dispuso a infectar las cosechas en los pueblos cercanos, así como algunos riachuelos, infestando el suministro de comida y agua de los aldeanos, suministros que estos ingirieron y fueron transformándose poco a poco en no-muertos. Al cabo de un par de años, el reino entero de Iceberg fue diezmado, quedando sólo unas pocas personas como sobrevivientes, de las cuales, la mayoría intentó escapar, convirtiéndose el reino en los dominios y reino de Arkebanthos, el Rey Exánime, haciéndose de su pequeño ejército en gran aumento mientras que él, en su letargo, iba recuperando más y más poder gracias a los avances de Kael; sólo faltaba una cosa: hallar al campeón que se pusiese la corona del Rey Exánime.

Los avances de la Plaga, comandada por Kael, se dirigieron hasta el reino de Fiore, instalando campamentos allí, pero no de no-muertos directamente, sino de seguidores del Culto de la Muerte, un grupo de personas aduladoras de Arkebanthos como a una divinidad. Comenzaron a influenciar y a llevar a gente consigo, logrando que se uniesen a dicho culto. No pasó tiempo hasta que Arkebanthos comandó a los primeros no-muertos al reino, donde el Consejo Mágico tomó intervención. De esto data hace ya diez años, donde estaba en auge el más fuerte y honorable miembro del Consejo Mágico que se haya visto: Darus D. Fiore, príncipe del reino de Fiore, heredero al trono y capitán del Consejo Mágico, siendo al mismo tiempo el Quinto Mago Santo, justo por debajo de los Cuatro Dioses de Ishgar. Un héroe cuya nobleza y poder no tenían parangón, un ser de pureza y bondad que impartía justicia allá a donde iba, siendo el futuro símbolo de justicia y paz del continente de Ishgar, un prometedor mago de Cuerpo Celestial.

La Plaga se fue abriendo paso y empezando a hacerse notar en Fiore, tomando cierto peso y contagiando a algunos pueblos alejados en la frontera. Fue entonces cuando enviaron en persona al mismísimo Darus a encargarse del asunto. Una noche hizo una parada con sus pelotones en un pueblo cerca de la frontera. Esa misma noche la Plaga los pilló desprevenidos, enfrentándose Kael contra Darus, aunque aquello no fue necesario para que el comandante de la Plaga se diese cuenta de que aquel “elegido” estaba ante él. Sonriendo, el nigromante hizo una retirada estratégica, habiendo dejado contagiados a algunos soldados del príncipe.

El tiempo pasó, aquellos soldados bajo las órdenes de Darus avanzaron hacia la frontera, donde los pueblos estaban totalmente contagiados, convertidos en necrófagos, esqueletos, zombies que devoran la carne de las personas. Una batalla encarnizada se produjo entonces, buscando el capitán del Consejo Mágico al comandante de la Plaga, mas sin embargo fue en vano: el nigromante se valió de sus informantes y se fue de la escena. No se replegó a Iceberg de nuevo ni tampoco retrocedió: avanzó por su cuenta escoltado por un par de abominaciones de carne, criaturas hechas de varias partes de cadáveres, seres abominables, ¿Su destino? Un pueblo distante cercano a la frontera donde se encontraban los hombres de Darus. Aquel pueblo no era nada más ni nada menos que el pueblo de origen de la madre de Darus, la reina de Fiore, quien falleció dándolo a luz y, por ende, el pueblo natal de Darus, donde estaba toda su familia materna. Kael se aseguró de contaminar el ganado, cultivos y aguas, todo suministro, con la Plaga, retirándose después de ello para ver cómo sus no-muertos caían ante Darus y sus soldados.

Tras una derrota, habiendo purgado a todo un pueblo con todo el pesar del alma de haber tenido que matar a esas personas ya infectadas y convertidas en no-muertos, Darus y sus hombres se retiraron, regresaron para encontrarse con los refuerzos. Lo que no sabían es que los no-muertos con los que pelearon no fueron más que una distracción para que Kael pasase hacia donde se retirarían y llevase a cabo sus preparativos. Cuando Darus llegó aquel atardecer a su pueblo natal, aprovechando para ir a saludar a su familia y seres queridos, se lo encontró todo sumido en caos: los aldeanos habían consumido ya los alimentos y agua infectados, apareciendo los primeros convertidos en no-muertos que sembraban el caos. Viendo el grano, la carne y el agua podridos, Darus se dio cuenta de lo que pasaba, no obstante, era demasiado tarde: el pueblo entero estaba contaminado y era cuestión de tiempo de que todos los habitantes pasasen por la agónica transformación en no-muerto. Presenciando aquello, Darus tuvo que matar a aquellos a quienes quería transformados en necrófagos, en no-muertos, en esbirros de la Plaga, en sus enemigos, pero eso no fue lo peor de todo: entre lágrimas, lamentos, gritos y súplicas, aquellos quienes aún estaban vivos y conservaban su consciencia, imploraban al príncipe que fuese él quien pusiese fin a sus vidas antes de que empezase la peor parte de aquella agonía, que fuese él quien diese fin al dolor que estaban padeciendo quienes empezaron con los primeros síntomas, entre lágrimas de sangre. El príncipe, abrumado por ello, lleno de dolor, impotencia, tristeza y desolación, ordenó a sus hombres que aniquilasen al pueblo entero. Que se asegurasen de que el golpe fuese uno directo y mortal, que muriesen en el acto era una prioridad, algo que perturbaba la mente del joven héroe a la hora de acabar con las vidas de quienes vivían. Al cabo del día, siendo ya de noche, en pleno mediodía, cuando todo el pueblo fue diezmado, con los soldados y el príncipe bajo aquella presión, Kael, quien se estaba acercando al pueblo con un ejército aún mayor de la Plaga, asedió el arrasado pueblo, aniquilando a todo ser vivo. Darus, quien estaba ya demasiado abrumado, vio caer uno a uno a sus compañeros, a sus camaradas, siendo algunos infectados y convertidos en no-muertos. Aquella sangrienta y terrorífica masacre concluyó, cuyo único superviviente por parte de los vivos era Darus, el cual fue apresado y llevado por Kael hasta Iceberg. Una vez allí, fue dejado en libertad tras contarle sobre Arkebanthos, quien era la mente maestra de todo aquello.

Ya en libertad, Darus tomó rumbo hacia el Trono Helado, siendo susurrado por Arkebanthos desde el mismo, irrumpiendo en su mente y hablándole, contándole todo, intentando rompiendo su mente, o eso intentaba: corromperlo. En parte lo consiguió, haciendo que el príncipe quisiese llegar a él y destruirlo; eso sería en vano. Una vez alcanzado el Trono Helado, Darus confrontó directamente a Arkebanthos, utilizando una técnica basada en habilidades lunares, utilizando el Goteo de Luna concentrado en un haz que fue capaz de derretir de manera exitosa, como si nada, la prisión de hielo en la que Arkebanthos se hallaba sellado. Al haberle sido removidas dichas ataduras, su poder incrementó aún más, pues lo que lo aislaba ya no estaba más, aún así, a pesar de todo el poderío que emanaba, todavía no era suficiente, pues aquello no comprendía el total de su poder ni por asomo. Darus, quien ya había sido muy dañado tanto física como psicológicamente, comenzó a sucumbir ante el poder de Arkebanthos, mas sin embargo, oponiendo resistencia hasta que el etherias le dijo que si se ponía su yelmo, su corona, él se convertiría en el Rey Exánime, pudiendo controlar a la Plaga, intentando persuadirlo con tales palabras en las que, el capitán, sin pensárselo mucho, realizó un acto heróico, poniéndose en pie, tomando el yelmo con sus dos manos y colocándolo en su cabeza, pensando que así, al ser el líder de la Plaga, podría controlar y mantener a los no-muertos a raya al presenciar su gran capacidad de avance. Aquel acto de honor y heroísmo fue completamente en vano: tan pronto como el yelmo fue colocado en su cabeza, un destello azul irradió sus ojos, azul y blanquecino como la más gélida de las tormentas; Arkebanthos había encontrado finalmente un cuerpo. Entonces, el etherias en su nuevo cuerpo, se puso su armadura, despojando de su vieja armadura a su cuerpo actual y se quedó viendo la Agonía de Escarcha. Dio una serie de firmes pasos hacia la misma y la tomó con su mano derecha, blandiéndola y sacándola del suelo donde permanecía clavada tras derretirse el hielo. En ese instante, la misma aura que salía de los ojos del mismo, salió de las runas de la espada. Ya estaba hecho: el Rey Exánime había renacido; estaba completo.

Tras aquel suceso, el Rey Exánime, con un ejército considerable reunido, se dirigió a hacer una demostración de poder, yendo al reino de Fiore en solitario, al castillo de Crocus, donde el rey de Fiore, al ver a su hijo Darus regresar con vida, se asombró, en lágrimas, avanzando el príncipe, con su grisácea y oscura armadura, su hojarruna y su yelmo, así como aquel haz en sus ojos: estaba claro que algo había cambiado en él.

Sin haber mediado palabra alguna, el corrompido Darus se dirigió hasta su padre, al cual apuñaló con su arma directamente en el corazón, cayendo al suelo de rodillas, viendo el rostro sonriente de su hijo bajo el yelmo. Tras aquello, el cuerpo del rey se desplomó finalmente de boca al suelo, pereciendo al mismo tiempo que la corona caía de su cabeza, rodando por el suelo y manchándose de la sangre de su propietario. Acto seguido, tras retirarse masacrando a todos los soldados del castillo y convirtiéndolos en necrófagos que darían problemas sin cesar en la ciudad por un par de días, poniéndola en serios apuros y a punto de ser totalmente consumida por la Plaga, el Rey Exánime regresó al Trono Helado, donde continuó reuniendo fuerzas en su ya alzada fortaleza oscura, ampliando aún más su ejército, dirigiéndolo desde allí y alzando a magos y soldados dignos, a seres dignos de su poder, convirtiéndolos en caballeros de la oscuridad que blanden runas de muerte y destrucción ligadas a la voluntad del Rey Exánime, convertidos en campeones de la Plaga, caballeros capaces de manipular la Magia de Putrefacción a quienes denominó “Caballeros de la Muerte”.




¿Qué es?



La Magia de Putrefacción es una magia especial clasificada como Artes Negras, únicamente capaz de conseguir a través de la Plaga, un ejército de no-muertos que amenaza toda vida en Earthland.

Esta magia es un tanto especial, pues está clasificada como portadora y lanzadora al mismo tiempo, ya que su poder reside en los magos como tal, no obstante, su verdadero poder se ve potenciado haciendo uso de sus hojarrunas, armas blancas con runas malditas grabadas en sus hojas. Al mismo tiempo, esta magia tiene variantes de otras magias, como sería Magia de Hielo, Magia de Sangre y Virus, así como ciertos aspectos demoníacos como derivaciones de maldiciones como Necromancia.


¿En qué consiste?



La Magia de Putrefacción es una magia que se basa en la muerte, con varios aspectos y habilidades. Aquellos quienes poseen dicha magia son llamados caballeros de la Muerte, y la única forma de poseer esta magia es haber muerto y sido resucitado como un caballero de la Muerte. Una vez se es levantado como caballero de la Muerte, el caballero queda ligado a la voluntad del Rey Exánime, perdiendo sus recuerdos en vida y volviéndose un ser frío y oscuro que vive sólo para cumplir la voluntad de su maestro: llevar la muerte y la descomposición hasta a los más recónditos rincones del mundo, siendo máquinas de matar. La forma de librarse de ese control es teniendo una fuerte escena, ya sea una batalla o un encuentro (Debe ser muy buena la trama, de no ser muy “impactante” deberá desarrollarse poco a poco), con el riesgo de que el caballero de la Muerte pueda matarlos, pues al fin y al cabo, su deber es matar, y más aún si su maestro así se lo ordena. Dicha trama debe llevarse a cabo con una persona muy cercana al caballero de la Muerte cuando este estaba con vida, alguien muy importante para él que lo haga recapacitar mediante una batalla o un encuentro lleno de emociones y sentimientos, esto último sólo si el vínculo era demasiado fuerte. Una vez libre de la voluntad del Rey Exánime, el caballero de la Muerte conserva sus poderes y todo como tal, con la diferencia de que ahora posee su propia voluntad y sus recuerdos de cuando estaba vivo habrán regresado.

El poder de esta magia reside en sus usuarios, obviamente, sin embargo, el verdadero origen y fuente de poder de la misma es la hojarruna que el caballero de la Muerte blande. Una hojarruna es un arma blanca, un arma de filo, no importa cuál sea, la cual tiene unas runas de muerte grabadas en su hoja y se alimenta de las almas de quienes son víctimas del caballero de la Muerte, devorándolas y nutriéndose, haciendo así más poderoso a su usuario. Es por ello que esta magia es tanto lanzadora como portadora.

Los caballeros de la Muerte tienen tres especializaciones, tres “poderes” que pueden ir obteniendo a medida que vayan avanzando on rol y haciendo misiones o encargos que el Rey Exánime les deje. Dichas tres especializaciones son:

Sangre - Que se basa en el robo de la sangre de los enemigos mediante las heridas causadas, sirviéndose el caballero de la Muerte para regenerarse gracias a ella.
Escarcha - Que se trata de utilizar el hielo para crear sus propias técnicas gélidas, incluso armas para combatir u objetos, infundiendo el frío en el cuerpo del oponente y reduciéndolo con el mismo, doblegándolo.
Profano - Que es una rama la cual consiste en infectar con enfermedades en el cuerpo del oponente, resultando muy letal y útil, así como alzar a los muertos como sus esbirros zombies necrófagos.

A su vez estos campeones de la Plaga han sido dotados de un cuerpo “inmortal”, pues ya están muertos y no hay daño alguno que pueda acabar con sus vidas más que desintegrarlos, reducirlos a cenizas, borrar todo rastro de ellos. Naturalmente, usando la especialización de Sangre pueden regenerarse, aún así, poseen una debilidad: sus cuerpos, al estar muertos, arden con más facilidad que el de alguien que está vivo, por lo que si se los quema hasta reducirlos a cenizas sería una buena opción.



Créditos.







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